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ACTO SEGUNDO

El interior de un jacal sin más mobiliario que toscos trozos de madera y piedras que sirven de asientos; un metate colocado al lado de un hogar apagado, compuesto de tres piedras sobre las que descansa una olla ahumada. De un rincón pende una cuna, a manera de hamaca, formada de un costal, y en la cuna descansa el cuerpo de un niño envuelto en trapos de dudoso color. La puerta por la derecha. De un rincón a otro pende un cordel que sostiene algunas piezas de ropa de manta de hombre y de mujer, puestas a secarse, pero lo suficientemente alto para no estorbar la vista de los personajes. En un rincón un baúl y, sobre éste, una cama enrollada en un petate.

ESCENA UNICA

ROSA Y MARCOS, DESPUES RAMON Y TERESA; PEONES PRIMERO, SEGUNDO, TERCERO, CUARTO Y QUINTO; HOMBRES, MUJERES, ANCIANOS Y NIÑOS DE LA CLASE TRABAJADORA; DON BENITO, OFICIAL Y SOLDADOS.

ROSA

(Haciendo oscilar la cuna por medio de una cuerda.) No sé qué iremos a hacer; cada día estamos más pobres, y el amo cada día se vuelve más exigente. Hoy me dijo el mayordomo, de parte del amo, que éste no permite que mis gallinas se críen en terreno de la hacienda, y que tengo que comérmelas o venderlas al corral del amo, y ya sabes lo que eso significa: que regale mis animalitos.

MARCOS

(Rascándose la cabeza.) No sé qué iremos a hacer. El administrador me dijo esta mañana que ya debo a la hacienda doscientos treinta pesos, porque los ciento setenta y cinco que debía mi difunto padre me los han cargado a mí. En cuanto a que vendamos las gallinas a la hacienda, bien se ve que no obtendremos un solo centavo, pues su precio, calculado muy bajo por el amo, será abonado a mi deuda. (Escupe con rabia y grita.) Rosa, esto es ya insoportable y tanta injusticia tiene que terminar.

ROSA

(Con convicción.) Sí, tiene que terminar. (Llaman a la puerta.) ¿Quién es?

RAMON

(Desde afuera.) Somos Teresa y yo. ¡Abrid pronto! (Abre Marcos la puerta y entran Ramón y Teresa dando muestras de gran agitación.)

TERESA

¿Sabéis lo que ha ocurrido esta tarde?

MARCOS Y ROSA

(Hablando a la vez.) ¿Qué?

TERESA

El amo ha mandado prender a Juan.

MARCOS

(Admirado.) ¿Ha mandado el amo prender a Juan?

ROSA

(Admirada.) ¡Pero si Juan es quizá el hombre más bueno de la comarca!

RAMON

Sí, el amo ha mandado prender a Juan. El amo pretende hacerse amar de Marta. Marta rechaza los requiebros del amo. El amo ve que el obstáculo es Juan, por quien Marta siente profundo amor, y para deshacerse de Juan ha mandado prenderle, acumulándole el robo de un novillo. Juan ha sido llevado al cuartel de la ciudad, donde se le hará sentar plaza de soldado.

ROSA

(Indignada.) Ya esto es más de lo que se puede soportar.

MARCOS

(Airado.) Tanta infamia reclama un pronto fin.

RAMON

Amigos míos, hay que hacer algo: no tardarán en llegar algunos vecinos de la hacienda que desean que tú, Marcos, que sabes escribir con tan buena letra y que has leído tantos libros y tantos periódicos, hagas por ellos un ocurso al Gobierno llamándole la atención sobre las injusticias de que somos víctimas, para que ponga el remedio.

MARCOS

¿Un ocurso al Gobierno?

RAMON

Sí, en él pondrás que nos encontramos todos en la miseria; que necesitamos tierra para sembrar por nuestra cuenta; que se nos libre de las deudas que tenemos con la hacienda; que...

MARCOS

¡Basta! Yo no me presto a hacer peticiones de esa naturaleza.

ROSA

Muy bien, Marcos; ya no es tiempo de pedir, sino de tomar. (Se escucha de afuera un murmullo de voces.)

RAMON

Ya vienen los vecinos.

ROSA

Abramos la puerta. (Marcos abre la puerta; entran unas treinta personas, hombres, mujeres, ancianos y niños, todos pertenecientes a la clase trabajadora del campo.)

PRIMER PEON

(Entrando.) Buenas noches.

ROSA, MARCOS, RAMON Y TERESA

(A una voz.) Buenas noches.

PRIMER PEON

Venimos a darte una molestia, Marcos. Tú, que sabes escribir tan bien, vas a escribir una solicitud al Gobierno para...

SEGUNDO PEON

(Interrumpiéndole.) ¿Ya sabes lo que le pasó a Juan esta...?

TERCER PEON

(Interrumpiéndole.) No olvides decir, Marcos, que necesitamos tierra para cultivarla por nuestra...

CUARTO PEON

(Interrumpiéndole.) Así como agua para regar nuestras...

QUINTO PEON

(Interrumpiéndole.) Y que se acabe la leva, Marcos; y no se te olvide decir que queremos que se nos perdonen las deudas que tenemos con la hacienda...

MARCOS

(Con impaciencia.) ¡Basta! Sois unos chiquillos, ¡tan inocentes como unos chiquillos! Para vosotros no ha corrido el tiempo. Pensáis y obráis como pensaron y obraron vuestros padres hace cien años, como pensaron y obraron vuestros antepasados hace quinientos, hace mil años. Queréis que el Gobierno os libre de la tiranía y os salve de la miseria... ¡Inocentes! ¿Cuándo se ha visto que el Gobierno dé pan al hambriento y libertad al esclavo? (Pausa.) (Nervioso va y viene a lo largo del jacal; los circunstantes se miran asombrados y se cuchichean palabras al oído; se detiene y prosigue.) No necesito decíroslo; los hechos hablan: ¡todo gobierno es malo para los pobres!

PRIMER PEON

(Convencido.) Lo que dice Marcos es la mera verdad, y...

SEGUNDO PEON

(Interrumpiéndole.) Mis padres fueron tan desgraciados como yo, no obstante que vivieron bajo gobierno, y...

TERCER PEON

(Interrumpiéndole.) Pues mis abuelos me decían que en su larga vida nunca vieron que el Gobierno protegiera al pobre, y...

CUARTO PEON

(Interrumpiéndole.) Pues la verdad es que no me acuerdo haber visto alguna vez que el Gobierno haya protegido al débil, ni...

QUINTO PEON

(Interrumpiéndole.) Mi padre murió en el presidio; mi hermano, en el cuartel...

MARCOS

¿Y con toda esa experiencia esperáis todavía justicia del Gobierno? ¡Abrid los ojos! Lo que necesitamos los pobres es hacernos justicia con nuestras propias manos. ¡Rebelémonos! (Todos, excepto Marcos y Rosa.) (Santiguándose.) ¡Ave María Purísima!

MARCOS

(Indignado.) ¿Tenéis miedo? Pues bien, agachad las orejas y permaneced encorvados bajo el peso de vuestra vergüenza. Si no os doléis de vosotros mismos, al menos no añadáis una afrenta nueva a la que ya tenéis encima, que afrenta sería pedir justicia a nuestros verdugos cuando la dignidad nos grita que debemos arrancarla por la fuerza de las manos de nuestros opresores. ¡Dejadme en paz! ¡Marchaos! (Con vehemencia.) ¡Siento que la tierra se estremece de indignación bajo vuestras pisadas de rebaño! (Todos permanecen en sus respectivos sitios; los más se rascan la cabeza, consternados.) ¡Marchaos! Volved al surco a empaparlo con vuestro sudor para que vuestros tiranos se aprovechen de las cosechas; id a recibir, como premio a vuestra mansedumbre, el estupro de vuestras hijas por los amos, y el cuartel, la ley fuga o el presidio para vosotros. ¡Eso es lo que merece el que no se levanta airado a cerrarle el paso al crimen! ¿Pedís? (Con desprecio.) Pues bien, aceptad entonces lo que os den: la esclavitud, la deshonra y la muerte.

RAMON

(Reposado.) No tenemos miedo, Marcos. ¿No es la muerte mil veces más dulce que los tormentos que sufrimos los pobres? No tenemos miedo a morir; pero ¿qué ganamos con rebelarnos? Si supiéramos que con rebelarnos nuestros hijos tendrían asegurado el pan y afianzada su libertad, no vacilaríamos en hacerlo; pero no sucede así. Hemos tenido muchas revoluciones y ¿qué es lo que siempre ha sucedido? Cae un mal gobierno para establecerse otro tan malo como el que cayó. El pobre queda siempre pobre.

MARCOS

El pobre queda siempre pobre porque, al levantarse en armas, el pobre espera que un nuevo gobierno haga su felicidad. El Gobierno no librará nunca de la miseria al pobre, porque no es esa su misión. La misión del Gobierno, de cualquier gobierno, de todo gobierno, es proteger los intereses de los ricos, intereses que solamente pueden prosperar mediante el sacrificio del pobre. Si el pobre trabajara solamente para sí mismo y para su familia ¿qué comería el rico? ¿De dónde sacaría entonces el poderoso el lujo que ostenta? Para que el rico goce, es preciso que el pobre sufra. Así, pues, lo que se necesita es que ya no haya ricos, que todos seamos iguales y para conseguir eso no hay más que un medio: arrebatar de las manos de los ricos la tierra, las casas, las máquinas, todo lo que existe, y hacer de todo ello la propiedad de todos. De esa manera ya no necesitaremos alquilar nuestros brazos a ningún amo, y todo lo que produzcamos los trabajadores será para los trabajadores, y el bienestar de que disfrutan los ricos ahora será disfrutado por los trabajadores.

ROSA

(Con convicción.) Esa ha sido nuestra falta: que nos hemos levantado en armas para derribar un gobierno y poner otro en su lugar, en vez de levantarnos para arrebatar la riqueza de las manos de los ricos. (Llaman a la puerta; todos se miran asombrados.)

MARCOS

¿Quién es?

DON BENITO

( Desde afuera.) Abrid, hijos míos. (Todos, con excepción de Marcos y Rosa.) (A una voz.) ¡El señor cura! (Rosa se apresura a abrir la puerta.)

DON BENITO

(Entra haciendo caravanas a derecha e izquierda.) (Con unción.) Buenas noches, hijos míos. (Todos, con excepción de Marcos y Rosa.) (Arrodillándose.) (A una voz.) ¡Buenas noches, señor cura!

DON BENITO

(Aparte.) Estos condenados de Rosa y Marcos son unos herejes. (A todos.) Levantaos, hijos míos y que Dios os bendiga. ¿Os divertís? ¿Celebráis alguna fiesta? (Aparte.) ¿Cómo justificaré mi presencia en este lugar y a esta hora? Voy a decir una mentirijilla cualquiera a estos brutos. (A todos.) Pasaba camino del curato cuando me sorprendió ver luz a través de las rendijas de la puerta. Algún enfermo, me dije, y me atreví a llamar a la puerta. (Con hipocresía.) ¡Es tan dulce consolar al que sufre...!

MARCOS

No se celebra aquí ninguna fiesta ni nadie se encuentra enfermo. En cuanto a los que sufren... ¡somos todos nosotros!

DON BENITO

(Con unción.) Bienaventurados los que sufren en la Tierra, que de ellos será el reino de los cielos.

ROSA

(Con sorna.) Y los que son felices en la Tierra, ¿pueden entrar también al reino de los cielos?

DON BENITO

¡Naturalmente, hija mía, naturalmente si son buenos cristianos!

ROSA

Entonces, bueno sería que todos gozáramos aquí, en la Tierra, y en el reino de los cielos. Al menos eso sería lo justo. Un dios verdaderamente justo se preocuparía porque todos fuéramos felices, como un buen padre de familia se preocupa por la felicidad de todos sus hijos.

DON BENITO

Nadie puede juzgar las obras de Dios. (Aparte.) ¡Carambas, cómo ha despertado esta gentuza! (A Rosa.) La sabiduría divina quiere que haya pobres y ricos, para probar quiénes son los buenos que soportan, con mansedumbre, su pobreza, y merecen, por lo mismo, entrar al reino de los cielos, y quiénes son los díscolos, para quienes existen las llamas del Infierno. (Todos, con excepción de Marcos y Rosa, se miran azorados y hacen la señal de la cruz.) (Aparte.) Hay que atemorizar a la plebe pintándola infiernos y demonios, porque, de lo contrario, ¡pobres de los ricos y pobres de nosotros los representantes de Dios: tendríamos que trabajar para comer! (A todos.) ¿A qué se debe, hijos míos, esta reunión?

RAMON

Señor cura: hemos venido a pedirle a Marcos que nos escriba una solicitud para el Gobierno pidiéndole justicia.

DON BENITO

(Fingiendo asombro.) ¡Justicia! ¿Pues qué os pasa?

RAMON

Han prendido a Juan, acumulándole el robo de un novillo. Juan es el hombre más honrado de la hacienda: cumplido, trabajador, buen vecino. Es un hombre incapaz de cometer un delito...

ROSA

(Interrumpiéndole.) (Con desprecio.) ¡Di la verdad, Ramón! Le han prendido porque Marta es bonita y él es un estorbo para que el amo la haga suya.

MARCOS

La misma historia de siempre: hemos de sudar para el amo y hemos de tener mujer para el amo. (Escupe con rabia.)

DON BENITO

(Fingiendo asombro.) ¿Pero es posible eso?

PRIMER PEON

¿No recuerda usted, señor cura, que a Melquiades, el vaquero, lo mató la Acordada porque se opuso a que el amo le deshonrara la hija?

SEGUNDO PEON

¿Y quién ha olvidado que Santiago, el carrero, se pudre en la cárcel tan sólo porque le hizo ver al amo que la manta que nos venden en la tienda de raya, además de ser mala, es cara?

TERCER PEON

Pero sin ir muy lejos, ¿qué tantos días hace que Gregorio, el guadañero, fue enviado de recluta al cuartel, tan sólo porque no faltó quien le diera aviso al amo de que él andaba diciendo que se nos hace trabajar como machos y se nos da de comer como perros?

CUARTO PEON

¡Queremos justicia!

QUINTO PEON

¡Queremos tierra para trabajar por nuestra cuenta!

DON BENITO

(Aparte.) Tierra para trabajar por cuenta de ellos, y entonces ¿quién trabajará para el amo, para el Gobierno y para mí? (A todos.) Hijos míos: Dios, grande y misericordioso, os puso en la Tierra para ver si erais fuertes para soportar todas las miserias de este valle de lágrimas y llevaros después a su seno. Mientras más sufráis aquí, más probabilidades tendréis de subir al cielo. (Aparte.) Ganas me dan de reír con tanta mentira: ¡si supieran estos idiotas que no hay cielo, habían de querer gozar aquí, y entonces los arruinados seríamos los que no sabemos trabajar! (A todos.) No ambicionéis los bienes de esta Tierra. El amo, los ricos todos, son los administradores de la riqueza en beneficio vuestro. ¿Qué haríais sin los ricos? ¿Quién os pagaría vuestros salarios? (Con énfasis.) ¡Os morirías de hambre!

MARCOS

(Con enfado.) ¡Se morirían de hambre solamente los que no quisieran trabajar!

DON BENITO

(Colérico.) ¿Qué es lo que dices, insensato?

MARCOS

(Con firmeza.) Lo que oyes, ¡impostor!

DON BENITO

(Temblando de ira.) ¡Estás excomulgado! ¡El Infierno te espera! (Aparte.) A éste hay qus hacerlo desaparecer.

MARCOS

¿El Infierno? ¿Habrá un Infierno peor que el que sufre el pobre? Si hubiera un Infierno, él estaría repleto, no de miserables como yo, sino de bribones como tú, que atan con el miedo la mano del pobre para que no la levante contra sus verdugos.

DON BENITO

(Disimulando su cólera.) Dios me dice que tenga yo piedad para los pecadores. Así es que yo te perdono, Marcos. (Aparte.) Perdonarlo, ¡un demonio! Ya verá lo que se le espera. (A todos.) Hijos míos, ya es muy tarde y tengo que retirarme a mi lecho. (Consultando su reloj.) ¡Ave María Purísima!: son las diez de la noche. (Aparte.) En cinco minutos me pongo al habla con el oficial del destacamento, y a ver si no se ablanda el tal Marcos. (A todos.) Quedad con Dios, hijos míos. Buenas noches. (Nadie le saluda; se dirige a la puerta.) (Aparte.) La gente ya no teme a Dios; ¡el reinado de la injusticia está por desplomarse! (Sale.)

ROSA

(Abrazando efusivamente a Marcos.) Marcos mío, ¡qué orgullosa estoy de ti!

MARCOS

(Radiante.) ¡Mueran los ricos!

TODOS

(A una voz.) ¡Mueran! (Se acercan a Marcos y le abrazan.)

MARCOS

¡A las armas, hermanos, a tomar lo que nos pertenece! ¡Viva la Revolución Social!

TODOS

(A una voz.) ¡Viva!

OFICIAL

(Desde afuera, dando golpes con el pomo de la espada.) (Con voz de trueno.) ¡Abrid esta puerta en nombre de la justicia!

MARCOS

(Indignado.) ¡El fraile nos ha denunciado!

OFICIAL

(Desde afuera.) (Con voz de trueno.) ¡Abrid en nombre de la justicia, o echo abajo esta puerta! (Da repetidos golpes con el pomo de la espada.) ¡Soldados: echad la puerta abajo a culatazos...! (Se escucha el estrépito de los culatazos acompañado de gritos de ¡mueran los bandidos! ¡Viva el Supremo Gobierno!)

MARCOS

Compañeros: si alguna víctima tiene que haber, ¡que sea yo esa víctima! Me echaré toda la responsabilidad.

ROSA

(Con vehemencia.) ¡Y yo también! (Se coloca al lado de Marcos.) (La puerta cae, y entran precipitadamente el oficial y diez soldados apuntando con sus fusiles.)

OFICIAL

(Con vos de trueno.) ¡Rendíos, bandidos! Aquí se conspira contra la Ley y el orden. (Aparte.) De esta hecha el Gobierno me hace coronel. (Se adelanta hacia Marcos y, poniéndole la punta de la espada en el pecho, le grita:) ¡Ríndete, pelado!

MARCOS

(Aparta rápidamente la espada de su pecho, al mismo tiempo que saca un puñal que lleva oculto debajo de la camisa y asesta una puñalada al oficial en el corazón.) (Con energía.) ¡Toma! (El oficial cae muerto a sus pies: los soldados, asombrados, descansan las armas.) En nombre de la Ley venías a aprenderme; pues bien, ¡en nombre de la Justicia me defiendo! (A los soldados, con tono solemne.) He muerto a vuestro verdugo: ¿os atreveréis a prender a vuestro hermano? (Se da un golpe con el puño en el pecho.) Vosotros sois pobres como nosotros, y al apoyar con vuestros fusiles al Gobierno, apoyáis al que nos hace desgraciados a nosotros y a vosotros mismos. Vuestras familias están en la miseria, sufren hambre, desnudez y opresión, y vosotros, con vuestros fusiles, sostenéis a los que causan el sufrimiento de los vuestros, de la carne de vuestra carne y sangre de vuestra sangre. (Con vehemencia.) El soldado es el verdugo de sus propios padres, hermanos e hijos. Acordaos de que sois hombres y uníos a nosotros para derribar la opresión de la maldita trilogía que hace desgraciado al ser humano: ¡el burgués, el clérigo y el gobernante!

SOLDADOS

(A una voz.) ¡Viva la Revolución!

TODOS

(A una voz.) ¡Viva! (Se abrazan soldados y paisanos.)

MARCOS

Compañeros: no hay que perder tiempo. La hora de la libertad de los esclavos ha sonado. Que cada quien llame de puerta en puerta anunciando la buena nueva para que se nos unan todos los que tengan corazón, y en seguida a rescatar a Juan y a Marta, y a tomar, por último, posesión de la hacienda para el beneficio de los trabajadores ¡Adelante! (Se dirige a la puerta y sale acompañado de Rosa, que ha tomado al niño de la cuna.)

TODOS

(Dirigiéndose a la puerta y saliendo.) (A una voz.) ¡Mueran los ricos! ¡Mueran los frailes! ¡Mueran los gobiernos! ¡Viva Tierra y Libertad!

TELÓN




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