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Tierra y Libertad



PERSONAJES

DON JULIÁN, rico hacendado.
DON BENITO, cura.
JUAN, peón.
MARTA, compañera de Juan.
MARCOS, peón.
ROSA, compañera de Marcos.
RAMÓN, peón.
TERESA, compañera de Ramón.
CARCELERO.
MINISTRO.
LÓPEZ, líder obrero.
SEÑORITA SOFÍA MERINDIETA, profesora normalista.

OFICIAL, MOZO, CENTINELA, DELEGADO, PEONES primero, segundo, tercero, cuarto y quinto; soldados, campesinos de ambos sexos y distintas edades; obreros de ciudad.
La acción pasa en México.




ACTO PRIMERO

La decoración representa un camino a través de un bosque.

ESCENA PRIMERA

MARTA Y DON JULIAN

DON JULIAN

(Saliendo por la izquierda y deteniéndose a mitad del escenario.) Esta vez no se me escapa la muchacha. ¡No faltaba más que un hombre como yo, poderoso, dueño de mil kilómetros cuadrados de terreno y con grande influencia ante el Presidente, so dejase babosear de una pelada como la tal Marta! (Mirando hacia la derecha.) No debe tardar en pasar por aquí. (Consultando una reloj de oro.) Faltan diez minutos para las once, y es la hora en que lleva la comida a ese imbécil de Juan. ¡Y la comida que devoran estos marranos, no la comerían ni mis perros! Pero eso es lo que merece esta gente. ¡Bonito sería que comieran lo que comen sus amos! En cuanto a la muchacha, es bonita. No tiene más de tres meses de casada con Juan; yo sé que se quieren bien, pero soy el amo y tengo derecho a ella. (Mirando hacia la derecha.) Aquí viene Marta; voy a ocultarme. (Corre hacia la izquierda y se oculta detrás de un árbol.)

MARTA

(Sale por la derecha llevando una cesta al brazo y se detiene a mitad del escenario.) (Suspirando.) ¡Pobre Juan! Tanto que trabaja y no le llevo más que frijoles. Se me parte el corazón ante tanta injusticia, y en mi pecho siento no sé qué sorda cólera. Soy una ignorante; pero para mí es injusto que el que trabaja viva en la miseria, mientras los que no hacen nada útil viven gozando toda clase de comodidades. (Descansa la cesta; hinca una rodilla y se pone a arreglar la servilleta.) (Suspirando.) Yo nada sé; pero pienso que no es justo que los que labran la tierra, siembran el grano y levantan la cosecha, tengan menos que comer que los que viven en continua fiesta sin hacer nada útil. (Volviendo el rostro en todas direcciones.) ¡Pobre Juan! No solamente te deslomas y te sacrificas en el trabajo para que tus amos vivan en la holganza, sino que no satisfechos con la explotación de que te hacen víctima, tratan de arrebatarte la única dicha que tienes, tu único tesoro, que es mi cariño. Tú no sabes que don Julián me persigue sin descanso. ¡Infames ricos!: no se conforman con chuparnos la sangre; no están satisfechos con destruir nuestra salud con sus trabajos de presidio: quieren también nuestro corazón. ¡Infames, infames!

DON JULIAN

(Sale de su escondite y se aproxima a Marta.) Buenos días, Marta.

MARTA

(Sin volver el rostro hacia él.) Buenos días.

DON JULIAN

(Tratando de estrecharla por la cintura.) ¡Qué linda estás! (Marta lo rechaza.) ¿Por qué rechazas mi cariño?

MARTA

Porque amo a Juan.

DON JULIAN

Juan es un pelado, mientras yo soy rico.

MARTA

Por eso amo a Juan, y a usted le odio. (Con energía.) Retírese!

DON JULIAN

Vamos, calma, chiquilla, que no sabes lo que haces. Sábelo: cientos de mujeres se sentirían felices con sólo que las dirigiera la palabra. Yo soy tan poderoso que puedo obligarte a que me entregues tu corazón. No me rechaces, porque el amor que hoy me niegas con tanto orgullo tendrás que venir a ofrecérmelo mañana de rodillas. y yo lo rechazaré entonces con la punta de mi bota.

MARTA

(Dando muestra de terrible agitación.) ¡Imposible! ¡Eso, nunca! ¡Primero muerta que humillada! ¡Retírese usted!

DON JULIAN

¿No te das cuenta de mi poder? Pues bien, sábelo: yo puedo hacer que arresten a Juan. Yo tengo influencia con el Gobierno, y tu marido puede ser reclutado como soldado. Con una palabra mía, el Jefe político puede entregarlo a la Acordada para que se le mate como un perro a la vuelta de un camino. Yo puedo...

MARTA

(Interrumpiéndole con viveza.) ¡No lo hará usted! ¡No lo hará usted! ¿Qué delito ha cometido Juan para merecer el ser tratado de esa manera?

DON JULIAN

(Con dignidad.) Yo soy aquí el amo, y puedo hacer lo que me plazca.

MARTA

Nos quejaremos al Gobierno.

DON JULIAN

¡Ja, ja, ja! ¡Los ricos somos el Gobierno!

MARTA

¡Retírese usted!

DON JULIAN

Ámame; yo necesito tu amor como el sediento necesita agua, como los pulmones necesitan aire. Decídete: o mía o de nadie. Decídete antes de que sea demasiado tarde. Recuerda lo que te he dicho: yo puedo mandar arrestar a Juan; puedo mandarlo a servir en el Ejército; puedo entregarlo a la Acordada para que se le mate como un perro; puedo...

MARTA

(Interrumpiéndole con viveza.) ¡Imposible! ¡Imposible! ¿Qué mal ha hecho Juan a nadie?

DON JULIAN

No ha hecho mal a nadie; él es un buen trabajador, cumplido, laborioso, honrado; pero yo soy la fuerza y puedo disponer de su porvenir, de su tranquilidad, de su vida. Así, pues, decídate en el acto.

MARTA

¡Imposible! (Corre y desaparece por la izquierda.)

DON JULIAN

(Viéndola correr.) Está bien; dentro de pocos minutos sabrás cuán poderoso soy. (Vase por la derecha.) (Cambia la decoración.).

La decoración representa un campo de labranza.

ESCENA SEGUNDA

JUAN, MARTA, DON BENITO, DON JULIAN, UN OFICIAL Y SOLDADOS

JUAN

(Metido hasta la cintura en una zanja, remueve empeñosamente la tierra del fondo con una pala y la va acumulando en uno de los bordes.) (Se enjuga el sudor del rostro y dirige una mirada hacia el cenit.) Ya es cerca de mediodía y Marta no ha llegado con la comida. ¿Qué podrá haber sucedido? Ella nunca falta a las once, y ya pronto darán las doce. (A lo lejos suenan pausadamente doce campanadas.) ¡Las doce, y Marta no parece! Esa tardanza me llena de inquietud, (Pausa.) ¡Tan buena que es mi Marta...! Ella es mi dicha, ella es mi consuelo. (Pausa.) Pero ¿qué sucederá que Marta no viene? (Reanudando su tarea.) El patrón quiere que este trabajo quede concluido este día, y para concluirlo se necesitarían tres días; pero hay quo terminarlo hoy porque el amo pudiera, multarme, me multaría si no lo acabase. (Enderezando el cuerpo y oprimiéndose los riñones con la mano izquierda.) ¡Estoy tan cansado...! ¡Qué gran desgracia es ser pobre! (Viendo hacia la derecha.) ¡Aquí viene Marta! (Con asombro.) Pero qué extraña me parece. (Sale de la zanja a recibirla.)

MARTA

(Aparece por la derecha. con el pelo en desorden y se echa en brazos de su Juan.) ¡Juan mío! ¡Mi Juan! (Sollozando.) ¿Te he hecho esperar mucho?

JUAN

(Alarmado.) ¿Qué ocurre? ¿Por qué lloras? ¿No somos felices con nuestro amor a pesar de nuestra miseria? (Acariciándola.) Cálmate y cuéntame lo que haya ocurrido. (Se sientan en una piedra.) Nunca te había visto llorar.

MARTA

(Enjugándose las lágrimas.) Somos desgraciados...

JUAN

Sí, somos pobres; no contamos con bienes de fortuna; vivimos al día, pero nuestros corazones son dichosos; nuestro amor es un tesoro, y nosotros somos los dueños de él. ¿Quién podría arrebatarnos esa dicha?

MARTA

El amo.

JUAN

¿El amo? El amo podrá secarme en el trabajo dándome tareas de presidiario en cambio de unos cuantos centavos diarios, como lo está haciendo, como lo ha hecho siempre, como lo hizo con mi padre y con el padre de mi padre. Pero ¿cómo podría robarse nuestra dicha de amarnos? En tanto que tú me ames, ¿qué puede hacer el amo?

MARTA

(Abrazándose de Juan.) Juan mío, mi pobre Juan, el amo quiere que yo sea suya; él me lo ha dicho muchas veces; él me lo acaba de decir y me ha amenazado con prenderte y mandarte al cuartel o aplicarte la ley fuga si no le hago entrega de mi cuerpo. ¡Huyamos, Juan, huyamos de la hacienda!

JUAN

(Sombrío.) ¡Huir...! ¿y adónde? ¿A otra hacienda? ¿A la ciudad? ¿Adónde iríamos que el amo no supiese?

MARTA

Imploraremos a un juez para que nos haga justicia... La Ley nos ampara.

JUAN

(Sombrío.) ¡La Ley! Mira, Marta mía, la Ley es una cosa que no beneficia al pobre. En nombre do la Ley se cobran las contribuciones al pobre; en nombre de la Ley se obliga al pobre a prestar servicios gratuitos a la Autoridad; en nombre de la Ley se arranca al pobre del seno de su familia para hacerlo soldado, y si la familia abandonada de ese modo, roba o se prostituye para no perecer de hambre, en nombre de la Ley se le castiga... ¡La Ley ha sido hecha por los ricos para proteger a los ricos...!

MARTA

(Mirando hacia la izquierda.) (Con exaltación.) Aquí viene el señor cura; él nos salvará.

DON BENITO

(Entrando por la izquierda.) El Señor esté con vosotros hijos míos. ¡Qué día tan caluroso!

MARTA Y JUAN

(A una voz.) Buenas tardes, señor cura. (Con vehemencia.) ¡Salvadnos, señor cura! (Se hincan.)

DON BENITO

¿Que os salve? ¿Qué ocurre? Decídmelo, y con la ayuda de Dios Todopoderoso yo os salvare. (Los hace levantarse.)

MARTA

(Sollozando.) Somos muy desgraciados.

DON BENITO

Sí, sois pobres; pero la pobreza es una virtud: con ella abriréis las puertas del cielo.

MARTA

No es de la pobreza de lo que nos quejamos, sino de la injusticia.

DON BENITO

(Con unción.) Bienaventurados los que han hambre y sed de justicia, que de ellos será el reino de los cielos.

MARTA

El amo quiere obligarme a que le ame, y me amenaza con mandar a Juan a la cárcel o entregarlo a la Acordada para que lo maten si no me rindo a sus caprichos.

DON BENITO

(Fingiendo asombro.) ¡Pero hijos míos, qué es lo que tenéis! ¿Cómo os atrevéis a ofender a Dios Nuestro Señor con semejantes calumnias?

MARTA

No mentimos: decimos la verdad.

DON BENITO

Moriréis en pecado mortal si insistís en vuestra calumnia. Don Julián es un hombre honrado y muy piadoso. Él ha hecho más por la Iglesia en mi parroquia que ningún otro hombre. Él se confiesa, y comulga y oye la santa misa todos los días y es un hombre que, cuando muera, morirá en olor de santidad.

MARTA

(Con energía.) Lo que decimos a usted es la verdad.

DON BENITO

Lo que pasa es que vosotros no vivís en el temor de Dios. Algún crimen habrá cometido Juan cuando el amo trata de entregarlo a la Ley.

MARTA Y JUAN

(Hablando al mismo tiempo y con viveza.) No hemos cometido ningún crimen.

DON BENITO

Eso es lo que vosotros decís; pero vuestra vida irregular me hace sospechar que algún crimen habréis cometido. Apuesto a que ni siquiera estáis casados por la Ley. Todos vosotros hacéis lo mismo.

JUAN

Señor cura: nosotros somos unos rústicos que lo ignoramos todo; pero creemos que para que un hombre y una mujer vivan tranquilos, amándose y ayudándose en la vida, no necesitan dar cuenta a nadie de su unión. Es lo mismo que cuando se hace uno de un amigo: a nadie se da cuenta de ello, ni a la Autoridad ni a la Iglesia...

DON BENITO

(Con orgullo.) ¡Calla, blasfemo, que estás ofendiendo a Dios con tus palabras! (Aparte.) Así es casi toda esta gente: se unen sin dar cuenta ni a la Autoridad ni a la Iglesia, ni a Dios ni al Diablo. (A ellos.) Estáis excomulgados. (Marta y Juan, horrorizados, se llevan las manos a las sienes.) (Aparte.) Si supieran los pobres diablos que yo no creo lo que digo. (A ellos.) Dios, justamente ofendido por vuestras culpas, os castigará aquí, en la Tierra, mientras llega el día de castigaros después de la muerte con las llamas del Infierno. (Aparte.) Si no les meto miedo, son capaces de matar a don Julián y tal vez hasta a mí. (A ellos.) Dios quiere probaros; quiere daros una oportunidad para que demostréis que le teméis y que acatáis su soberana voluntad. (Aparte.) Tengo que defender a den Julián, el principio de Autoridad, para que esta canalla no se rebele. (A ellos.) Debéis sufrir con paciencia todos los dolores de esta vida; debéis resignaros a todos los sacrificios, que es Dios quien ordena sufrir para premiar más allá. Todos vuestros sufrimientos aquí abajo serán recompensados allá arriba por Dios misericordioso. Todo lo que os pase en la Tierra, es porque Dios lo ha ordenado allá, en el cielo. Así, pues, sufrid en silencio y rogad a Dios que salve vuestras almas.

JUAN

Perdone usted, señor cura: ¿se salvará el alma de don Julián?

DON BENITO

(Indignado.) ¡Calla, blasfemo! Sólo a Dios le toca juzgar a los hombres. (Aparte.) Si permitiéramos a esta gente hacer uso de su razón, ¿adónde iríamos a parar don Julián y yo?

MARTA

(Llamando la atención hacia la izquierda.) (Con asombro.) ¿Qué significa esa muchedumbre que se aproxima?

JUAN

Son soldados; también veo a don Julián.

MARTA

Juan, vienen a prenderte; huyamos...

JUAN

(Con desaliento.) ¡Huir...! ¿Y adónde? ¿Adónde puede ir el pobre esclavo que no le alcancen los perros de su amo?

MARTA

(Agitada.) ¡Huyamos, huyamos! (Dirigiéndose a don Benito.) ¡Salvadnos, señor cura!

DON BENITO

Calma, hijos míos, dejad que se cumpla, la voluntad de Dios. Los ricos son los representantes de Dios sobre la Tierra y hay que obedecerles. (Aparte.) Si no predicase yo estas cosas, el mejor día, se levantarían los pobres contra los ricos.

DON JULIAN

(Aparece por la izquierda al frente de un oficial y un pelotón de soldados.) (Señalando a Juan a los soldados.) Este es Juan, el ladrón que se robó el novillo. ¡Prendedle!

OFICIAL

(Pistola en mano.) (A Juan.) ¡Ríndete! ¡No te muevas o mando que se te mate como un perro! (Dirigiéndose a los soldados.) ¡Amarrad a este hombre! (Los soldados se aproximan y le atan las manos.)

JUAN

(Suplicante.) No me perjudiquéis: soy inocente; soy un hombre honrado que vive de su trabajo; yo a nadie le he cogido nada; pongo de testigos a todos los peones de la hacienda; si algo he hecho durante toda mi vida, desde niño, ha sido trabajar; don Julián sabe bien que siempre he trabajado; ¡dejadme libre! Ved que tengo una esposa joven que necesita de mi apoyo. (Con desesperación.) ¡Ah, me vuelvo loco! (Los soldados tiran de él y se resiste.) No me llevéis, ¡dejadme, dejadme!

OFICIAL

(A Los soldados.) ¡Ea, obligadlo a marchar con vosotros al cuartel! (Juan sé tira en tierra, resistiéndose.) Hacedle marchar a culatazos. (Los soldados arremeten contra el cuerpo caído a culatazos y puntapiés.)

MARTA

(Abrazándose de Juan.) (Con desesperación.) ¡Matadnos a los dos! (Los soldados golpean a ambos.) (Jadeante.) Los ricos... nos chupan la sangre... roban nuestra tranquilidad... nos matan... ¡infames, infames, infames! (Se desmayan.)

OFICIAL

(A los soldados.) Traed unas camillas para levantar a esos perros. (Los soldados marchan apresuradamente hacia la izquierda.)

DON BENITO

(Aproximándose a don Julián.) ¡Sea por el amor de Dios! (Hablándole al oído.) ¡Lo sé todo! Ahora es necesario que el pueblo no se dé cuenta de la verdadera causa de este atentado. Yo he podido notar en el pueblo una inquietud hasta hace poco desconocida. Por todas partes se están insurreccionando las peonadas contra los hacendados. Los habitantes de esta hacienda han sido siempre muy pacíficos; pero de algún tiempo acá he notado signos inequívocos de que algo fermenta en el fondo de las masas trabajadoras. Una hoja infernal, un aborto del Diablo con el nombre de "Regeneración," ha logrado introducirse a los jacales, burlando la estrecha vigilancia de las autoridades, y la gente está despertando más de lo que es necesario, con perjuicio de la Iglesia y del sagrado principio de Autoridad. Yo me he esforzado en el púlpito por hacer volver a la gente a su sencilla ignorancia para que estén conformes con su condición; pero observo que mis palabras no tienen ahora la influencia que tenían antes: un espíritu de rebeldía flota en el aire y rumores de revuelta circulan por doquier... (Con exaltación.) Don Julián, yo presiento quo el fin de nuestro imperio sobre la clase desheredada se acerca a pasos de gigante; un cataclismo social está por sobrevenir; la plebe se encabrita contra sus señores, y un nuevo orden social puede resultar de la inquietud, del descontento quo agita a los proletarios...

DON JULIAN

(Colérico.) ¡Esa canalla no se atreverá a atentar contra sus señores!

DON BENITO

Confiado os mostráis, don Julián, y eso se debe a que no estáis en contacto con el pueblo; pero yo, que descubro en el confesionario los más íntimos pensamientos de esa gente, puedo deciros que se acerca una catástrofe formidable. Hasta hace poco tiempo la gente vivía en el temor de Dios, respetando a sus amos y al Gobierno, y esperando su recompensa después de la muerte. Ahora, mucho me temo que quieran su recompensa en esta vida, y sólo Dios podrá salvar a la sociedad de las iras del pueblo. (Con vehemencia.) Don Julián, necesitamos impresionar a la gente con solemnes ejercicios religiosos; hay que pintar el Infierno con terribles colores para someterla, y para todo eso, la Iglesia necesita dinero.

DON JULIAN

(Con fanfarronería.) Por dinero no paréis, señor párroco, que yo os daré todo el que necesitéis, pues al fin y a la postre todo lo que se gaste en eso, saldrá de las costillas de esos perros.

DON BENITO

Entendidos.

TELÓN




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